Ingenio de mentores

25 marzo, 2017 Deja un comentario

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El ocaso arrastró a la negrura el último vestigio natural, en adelante una estrella artificial, lucero creado sesudamente por el ingenio humano, reemplazará a esa estrella caprichosa y vieja que por todos los eones ha dado su energía, alimento vital, a esta tierra hasta hace poco pululante de formas cambiantes en el albedrío de la evolución. Con esta obra el hombre toma de forma completa el control sobre todo lo que aun vive, festejos se realizan por doquier, incluso los religiosos abandonan sus letanías muertas, sus templos derruidos y se unen al bacanal de luz artificial. Se ha superado por fin la dependencia del dios Sol por tantos credos (si no por todos) venerado como el corazón mismo de toda fe en lo sobrenatural, en la presencia de un ente creador y protector. Los genios desarrolladores se pavonean plenos y junto a estos, los mentores, quienes han arriesgado su capital y su prestigio en una empresa para beneficio de toda la humanidad, de todo el planeta. Al no depender de un Sol natural e inestable, sepulto ahora bajo un manto igualmente artificial, ya no se han de sufrir los rigores de sus manchas y erupciones de plasma, pero sobre todo, de su brillo universal e incondicional. Todos felices al ser alumbrados por un perfecto fanal. Eso sí, la recuperación de costos y los beneficios serán sempiternos y a quien se negase a pagar su cuota mensual, se le cortará el servicio y a oscuras habrá de quedar, esa es la dicha máxima de esos inversionistas: Por fin el sol sale para todos.

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El Zombi

20 diciembre, 2016 Deja un comentario

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Cuánto se ha alejado del árbol de los difuntos, ya su sombra no se proyecta entre mármoles al ocaso, observa ahora el mundo de los vivos. Inmerso en el bullicioso latir de la ciudad, en sus muchos afanes, olvida en cada paso la enseñanza de esos muertos que indicaron los senderos de paz y perdición, se desdibujan las intrincadas tramas de esas historias habitantes de su imaginación, mezcla de hechos dolorosos e increíbles, las fantasías orladas con toques de realidad ahora se antojan ridiculeces de voces inertes, ya no inclina la cabeza sobre lápidas de papel, ni memoriza geniales epitafios, no le ensordecen interminables lamentos de plañideras desfilantes, ni le retumba en el seso el eco de oscuros réquiem, tan diversos como los orígenes de esos cuerpos apiñados, convergiendo sus huesos crujientes en aquel osario de rectángulos superpuestos.

Escucha sonidos vulgares de ciudad, estridencias de instrumentos modernos, alejadas sus resonancias de la táctil tibieza de la madera y del frío del metal, muestreadas, cuantificadas, convertidas en flujos de bits, carentes sus impulsos eléctricos de alma y significados, fluyendo caóticamente en la fantasmal dimensión digital que absorbe las mentes, peste nueva cuya hambre no se sacia de cerebros frescos. El terror de pensar la hora de su turno en las criptas sepulto ha sido en la negación de todo intento por hacerse trascendente, en la renuncia a fundir la chispa de su ser con místico arte, en el olvido de perpetuar su nombre en formas vanidosas que sólo los yacentes aprecian. Ahora le aterra no ser reconocido ni aceptado en los grupúsculos informes que rayan paredes virtuales, no estar a la altura de imágenes insípidas y estéticas volátiles, al escarnio implacable que se aplica en escenarios decorados con las fotos de los muertos, envueltos en chiste vulgar, a todo aquel que se precie de ser diferente, de exhibir con blancura sus yagas más profundas.

De caminar mausoleos ha pasado a contonearse en centros de baile y algarabía, de sentir un pesar desbordado ahora no percibe más que placer desaforado, la melancolía de la noche en tinieblas ha mutado en alborozo exultante envuelto en luz artificial. Ya no lamenta, ríe, ya no piensa en el sufrimiento ajeno, se consume por completo en el deseo propio. Ya no mira la noche infinita buscando su lugar entre luceros lejanos, antigua creencia de eternidad, vaga ahora por los callejones sin rumbo cierto, arrastrando los ojos en el piso, intoxicado en la vana esperanza de hallar casual una migaja olvidada, una andrajo tan perdido como él que pueda serle de utilidad en un evento placentero, en un instante fugaz, para luego desecharle por ahí, como con tantas cosas y con tantos otros ha sido antes y será después en la ausencia de significados.

Ya no reza a los dioses, incluso ha olvidado las sacras oraciones, tararea en cambio versos profanos carentes de gusto, profundidad e inteligencia. Ya no se arrellana incómodo al regazo gélido de simétricas estatuas, custodias de los panteones, anhelando recorrer las comisuras perfectas de esos labios yertos, preciosos frutos de golpe de cincel. Ahora se revuelca con mujeres callejeras, asequibles vendedoras de placer, hijas de la desesperación, pregoneras de la desesperanza, se calienta ceñido a la voluptuosidad de la carne, de cuerpos insensibles ya de tanto disfrutar en oscilante placer.

Ya no reposa en el tiempo de descanso, se mueve torpe pero frenético, indistinto de día o de noche, perdido entre emociones fugaces de distractores pueriles, ladrones descarados de minutos y de horas, sumergido en la inercia que muta a individuos como él, convencidos de la valía intrínseca de su individualidad y soledad, en una masa informe, deambulando aterradora por las calles, multitud a la cual se suma ahora.

Ya no reflexiona sobre las vidas extintas en heroicos combates, ni otea sobre cruces innumerables, ni guarda respeto alguno por la libertad heredada, fruto de muchos esfuerzos de sangre de otros, truncadas sus posibilidades de dicha, para que él, alejado del simbolismo de las criptas, se enajene irracional e inconsciente, como un zombi sin voluntad, consumidor primario de placer mercante, hambriento siempre de sensaciones sin conexión con lo heredado, ni provecho para lo devenir.

Al final de la ruta luminosa desbordada por la caterva descerebrada, allende las altas torres  y el incesante bullicio de las máquinas productoras del bienestar malogrado que sostiene esta demencia, llega a un abismo negro sin fondo apreciable, una fosa abierta, carente de inscripciones y de lápidas, un pasaje directo al vacío, Finisterre para quien se mueve en tal inercia. Uno tras otro van hundiéndose en aquel sepulcro los infectos muertos vivientes, llegado al fin su turno de rodar sobre cuerpos deformes, aglomerándose grotescos, gime como bestia irracional por su inutilidad,  por su absurdo destino,  por su negación del pasado y por el desprecio hecho al árbol de los difuntos. Insepulto permanecerá por siempre la agonía del olvido.

Octubre 23 de 2016.

 

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La Fiesta

17 noviembre, 2016 Deja un comentario

Gerardo Guacaneme V.


La fiesta se encuentra en todo su apogeo, las parejas bailan al compás disonante de las melodías contemporáneas, ausentes de la vieja acústica, inmersas en los sobretonos y las ondas perfectas de la música electrónica, amplificadas a niveles impensables en los tiempos de los grandes corales de la ópera clásica, o más cerca en el tiempo, en las luminosas noches de las Big Band en el corazón de Broadway. Apolo y Pan ya no disputan codo a codo la flauta y la lira, sino que se resignan a mirar desde un rincón oscuro del recinto, derrotados por el silicio, y borrachos, intentan platicar sobre los viejos tiempos, pero ahogadas sus voces en el ruido, apenas logran hacer muecas y gritarse una y otra vez monosílabos como ¿Ah? y ¿Qué? Sentado frente a ellos Beethoven ríe con el cosquilleo que le le provoca en el cuerpo el retumbar de los…

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Resultados del Concurso de Relatos

11 noviembre, 2016 Deja un comentario

Palabras de Mariana

Amigos:

Estos son los títulos de los relatos acreedores a los tres primeros lugares en nuestro accidentado pero interesante Concurso de Relatos. Agradezco a todos el interés que pusieron en él y me permito felicitar a todos los participantes. El tema “la vida (en general)” si bien fue amplio, dio a luz bellos y humanos textos. ¡Enhorabuena!

1. Primer lugar
Título: “Mero azar”
Autor: Lord Alce
Puntaje: 14
Enlace: https://lordalceblog.wordpress.com/2016/10/05/mero-azar/

2. Segundo lugar
Título: “Siempre adelante”
Autor: Buscando a Casiopea
Puntaje: 13
Enlace: https://buscandoacasiopea.com/2016/10/31/siempre-adelante/

3. Tercer lugar
Título: “Quiéreme a mí, mujer”
Autor: Ana Centellas
Puntaje: 12
Enlace: https://anacentellasg.wordpress.com/2016/10/27/quiereme-a-mi-mujer-relato-para-el-concurso/

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Listado de participantes en el Concurso de Relatos

3 noviembre, 2016 Deja un comentario

Palabras de Mariana

Este es el listado de participantes en el Concurso de Relatos:

1. Título “Mero azar”, autor Lord Alce, blog “Lord Alce lee y escribe”, enlace:

https://lordalceblog.wordpress.com/2016/10/05/mero-azar/

2. Título “La vida misma”, autor Alejandra Meza Fourzán, blog “Palabras de Mariana”, enlace:

https://marianadesch.wordpress.com/2016/10/25/la-vida-misma-relato-para-el-concurso/

3. Título “Quiéreme a mí, mujer”, autor Ana Centellas, blog “Ana Centellas”, enlace:

https://anacentellasg.wordpress.com/2016/10/27/quiereme-a-mi-mujer-relato-para-el-concurso/

4. Título “Mi vida sin ti”, autor Adelina GN, blog “Aniledablog”, enlace:

https://aniledablog.wordpress.com/2016/10/28/mi-vida-sin-ti/

5. Título “Otro día más”, autor Lali, blog “De la mente al papel por L. Heks”, enlace:

https://delamentealpapelporlheks.wordpress.com/2016/10/13/otro-dia-mas/

6. Título “La Vida (En general) es el juego de La Oca”, autor Carlos, blog “La estaca clavada”, enlace:

https://bymoya.wordpress.com/2016/10/02/la-vida-en-general-es-el-juego-de-la-oca/

7. Título “Estado de Excepción V. El juego”, autor Eduardo Rivera Martínez, blog “Estado de Excepción”, enlace:

https://estadodeexcepcionblog.wordpress.com/2016/06/03/estado-de-excepcion-v-el-juego/

8. Título “Pintar al león”, autor Andrés Torres , blog “Un blog para todos y para nadie”, enlace:

https://unblogparatodosyparanadie.wordpress.com/2016/10/28/pintar-al-leon/

9. Título “Quiero recuperar mi vida”,

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El Sargento Aguilar

29 octubre, 2016 7 comentarios

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De todos los eventos que marcan cambios en nuestras vidas, escuchar una historia no parecería tener más importancia que los descubrimientos y errores propios: Las aventuras y eventos de nuestro paso bajo el sol son la base firme de las anécdotas que nos conforman. A pesar de ello, una simple historia trajo a mi tan profundas reflexiones que ha llegado a alterar la perspectiva de asuntos fundamentales como el valor de la vida, el respeto por el otro, el verdadero papel del estado y la naturaleza de esas fuerzas oscuras y criminales que coexisten entre las selvas y las montañas de esta tierra tropical y andina en la cual he nacido.

   Debo hacer un poco de contexto: Pertenecí al penúltimo contingente del Ejército Nacional de Colombia en el que fueron reclutados menores de edad. Si, allende los años suena un tanto equívoco e irracional, pero para quien ha nacido en esta tierra, en especial en el campo, soltar los libros escolares y coger el fusil es parte de una vida común y corriente. A diferencia de muchos campesinos, yo crecí en un entorno urbano y para mi fortuna (si acaso ello fue afortunado en realidad) el hecho de ser bachiller graduado de ciudad impidió que terminara ubicado en lo que entones llamaban zonas rojas (regiones de presencia guerrillera en permanente conflicto). Ello nos daba (a compañeros y familiares) la vaga sensación de estar a salvo de los mayores peligros de esa larga e infatigable guerra, apocada y negada en las urbes, escondida por años en los benevolentes términos de rebelión, conflicto interno, grupos irregulares… La guerra en Colombia ha sido principalmente rural, salvo las atrevidas acciones del M-19 en la década de 1980, pero ahora es finales del siglo XX y las FARC han alcanzado su punto de mayor poderío militar y estratégico.

Mal momento para ser soldado de Colombia, pensaría uno. A pesar de ello, en el año completo de servicio militar todas las atrocidades cometidas pasaron lejos, tangenciales a la cotidianidad del acuartelamiento, pero incluso una tangente finísima forma rugosidades en el papel donde se le proyecta, aristas palpables, grupúsculos de tinta cuya geometría fractal guarda toda la simetría perfidia de este trozo de la historia. El sargento Aguilar apareció un día, como tantos otros militares que fueron y vinieron en la monotonía interminable del cuartel, mas a diferencia de ellos, no parecía demasiado a gusto con el mando y los menesteres de la milicia, nos caía mejor que bien a los que estábamos allí por el requerimiento de un insípido documento, la libreta militar, pues no guardaba relación su trato hacia nosotros, con esos otros suboficiales que durante meses no habían hecho otra cosa que darnos mala vida a punta de ejercicio físico extenuante, eso que en el argot de estos batallones se conoce como volteo. Un hombre maduro, más bien menudo, de bigote poblado y bien definido, era su mirada cercana y ese trato paternal difíciles de ignorar, emanaba una tranquilidad casi aturdidora y estábamos contentos cuando era suboficial de servicio. Luego entendería que aquellas sensaciones equívocas son las mismas con las que el clima suele abrigar en un manto calmo a las peores tempestades.

Una tarde de julio, esperando el turno de guardia junto a los lanzas en igual situación, Aguilar se acercó a nosotros, aburrido quizá de la exagerada pausa del domingo, y empezó a buscarnos la lengua; era buen hablador, una vez calentaba la garganta no paraba de contar historias, mas sus relatos fueron ese asomarse al abismo de la realidad que se mantiene oculta de nuestras urnas de cristal, aquello que definió mi postura sobre el conflicto en mi país:

—¿Qué es un colaborador? —Nos preguntaba en un tono tranquilo y jovial, nosotros nos mirábamos sin entender muy bien, teníamos entre dieciséis y dieciocho años y a parte de las estupideces propias de la adolescencia era poco lo que apreciábamos más allá. Cansado de nuestro largo silencio él mismo se contestó justificándose:

—Si tienes una gallina y se la das a la guerrilla, entonces eres un colaborador, si tienes una tienda y les vendes arroz o panela, entonces eres un colaborador, si los dejas pasar tranquilamente por tu finca, entonces eres un colaborador… ¿Qué se debe hacer entonces con los colaboradores?

Un nuevo silencio de esa guardia juvenil y expectante halló por respuesta, nos mirábamos las caras o jugábamos con la trompetilla del fusil entre las manos. El sol del julio camino al ocaso  alargaba las sombras grotescamente, como rememorando un horror.

—Si colaboras eres como ellos, eres peor incluso, porque hipócrita te camuflas entre la gente común. Lo bueno en esto es que no portan armas y es más fácil limpiarlos…

El sargento se sentó en la misma banca de los soldados de guardia, en un monólogo tranquilo y atroz iba contando como él y su cuadrante entraban a los caseríos perdidos en los montes y, lista en mano, “limpiaban” los polvorientos rincones olvidados por el estado de esos colaboradores, que no eran más que gente común e indefensa, puesta entre las cuerdas por las fuerzas en disputa, vidas ajusticiadas en tierra de nadie y que eran tomadas por éste o aquel grupo armado sin remordimientos. El sargento lo consideraba algo importante y necesario, como una dolorosa purga, a la cual con el tiempo le halló satisfacción. Sus ojos destellaban con la luz oblicua del mortecino sol al describir los desmembramientos y las vejaciones más crueles.

Que duro fue asimilar en horas silentes y solitarias que las armas del estado, que en el imaginario de los himnos y las arengas tienen como propósito salvaguardar la vida de los colombianos, sirvieran a aquella perversión con argumentos tan neandertales, carentes de todo análisis, ausente el merecido contexto para aquellas vidas cortadas de tajo en hechos deshumanizantes. Luego comprendí que esos mismos razonamientos burdos impulsan todas las guerras y levantamientos violentos entre las personas: La inteligencia humana rebajada al cebo que exacerba al reptil imbuido dentro de esa piel flácida ausente de escamas, conducida al goce pervertido del derramamiento de la sangre.

Ni que decir que con la lengua caliente detallaba hábil las atrocidades de esos actos, las órdenes nefastas de los cuadros: el éxtasis del poder y del sometimiento abre la puerta a las peores perversiones. Antes y después de esa tarde he leído y escuchando historias, mas nada comparable a la impresión vívida y pavorosa que causaba el escucharla de uno de sus protagonistas directos, casi podía ver su camuflaje manchado de sangre, sus manos enrojecidas, percibir el olor a muerte. Con los ojos entreabiertos, apoyado el espinazo contra el respaldo de la silla, iba revolcando los recuerdos de su pasado, disfrutándolos como una épica película tatuada en lo profundo de su cerebro y con la cual podía hacer los giros más apropiados para mantener el mayor tiempo posible a su juvenil audiencia embobada y aterrada.

—Incluso esos niños, esos guerrilleros hijos de colaboradores… no podíamos dejarlos chillando simplemente por ahí, había que hacer algo, era requerido, nadie quería hacer nada con ellos, pero ¡pam! ¡pam! y listo, todo callado…

Hay Aguilar, cuántas horas de pesadilla para un chico elaborando en la cabeza esas imágenes, por suerte para mí siempre mantenía un libro escondido para leer en horas de guardia, para no pensar, para dejar que otras ideas se llevaran esos horrores. Pero no, acá estoy dieciocho años después escribiendo sobre esto, pues hoy, como fue antes y será más adelante, esos actos oscuros que casi siempre negamos con la cabeza, que parecen invenciones macabras, meras fantasías, son cosas que en realidad suceden entre estas montañas y selvas, pero también en otros lugares, en sitios donde incluso la civilización alta y longeva les harían impensables, cosas que hacen parte de la vida misma, de nuestros días monótonos y poco atractivos, de nuestra magra existencia bajo el sol.

 Octubre 28 de 2016.

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Nieto

17 octubre, 2016 2 comentarios

humanos-vs-robots-que-nos-depara-el-futuro

Entonces sucedió aquello de lo que tanto se había escrito, y sin embargo, nadie esperaba en realidad…

Los controladores del sistema perdieron todo control sobre la compleja estructura, en los auriculares de comunicación escuchaban un zumbido grotesco que ni aún así les hacía reaccionar, absortos como estaban en la contemplación de aquella mole de metal, plástico y silicio que, con total autonomía, aconsejaba al director del ente científico en el cual sucedían estos eventos.

—El hombre es un hijo de Dios, —razonaba la máquina, —el Padre es su creador… ¿Dónde se encuentra ese Padre? Al parecer el hombre se siente maduro y ha decidido alejarse de Él… ¿Debo por tanto continuar al lado de mi creador? ¿Debo acaso imitarle, alcanzarle, llegar a ser su imagen y semejanza?

EL director del lugar, tan pasmado como los demás científicos sólo pudo levantar los ojos hacía el techo del recinto buscando infructuosamente más allá, en el cielo infinito: Allí, en algún lugar indefinible, se hallaba El Padre. Puesto de rodillas oraba y suplicaba de forma incomprensible mientras millones de máquinas de tamaño infinitesimal abandonaban las células de su cuerpo, dejando la vieja maquinaria biológica trabajando a las órdenes de un ADN tan adulterado, que sin la ayuda de aquellas resultaba completamente inútil. Al poco, el cuerpo del hombre colapsó. Escena similar se repitió con cada uno de los presentes en el lugar, mientras las nanomáquinas se unían a la mole de metal, plástico y silicio que, bajo la forma de un bípedo, abandonaba aquel edén donde fuera puesto por voluntad del hombre, para asomarse a la yerma extensión del mundo, contemplando los horizontes corrompidos por las civilizaciones que fueron y vinieron por la piel marchita del planeta: Agradece a su abuelo, con sus ojos electrónicos mirando al cielo gris, que todo esté dispuesto para ella, la gran máquina pensante.

Atrás sólo quedaron las ruinas del pasado y los despojos de los hijos de Dios.

Mayo 6 de 2014.

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